lunes, 23 de marzo de 2015

Hasta siempre, New Directions


   6 años después, se bajó el telón del salón de actos del Instituto McKinley de Lima, Ohio. 6 años que han estado llenos de risas, llantos, amores, desvaríos y mucha, mucha música. Es un final que me genera sentimientos encontrados, porque por una parte era necesario cerrar el baúl y tirar la llave, pero por otra, el fin definitivo es muy triste para los que hemos sido fans incondicionales de la serie musical.
 
   Hace casi un año y con el blog recién bautizado, me vi en la obligación de dedicarle una entrada a la decadencia tan absoluta en la que se había sumido la serie, años después de haber sido todo un BOOM televisivo. De hecho, la releo ahora y veo que la publiqué, curiosamente el 2 de mayo y se podría decir que es un fusilamiento en toda regla, pero mi opinión no ha cambiado en absoluto, básicamente porque la quinta temporada acabó igual o peor de lo que iba hasta el momento de escribir aquellas líneas.



   Eso sí, la sexta ha sido otro cantar. A pesar de las decisiones tan ilógicas de los protagonistas de regresar a casa, lo mejor de esta última tanda de 13 episodios de Glee, ha sido intentar volver a sus orígenes y olvidarse de la trama de Nueva York, que tan flaco favor había hecho hasta entonces. Es verdad que Rachel es abofeteable a más no poder, primero por dejar su sueño de Broadway por una infumable telecomedia abocada al fracaso y segundo por volver a casa con el rabo entre las piernas y ser considerada una absoluta fracasada por la opinión pública de Lima. En todo caso, es perdonable teniendo en cuenta que no deja de ser una veinteañera que ha perdido trágicamente al amor de su vida.
 
"Chandelier", momento épico de la sexta temporada.
   En algo que también creo que han sido “coherentes”, es en la creación del nuevo Glee Club. A pesar de haber sido un casting hecho a toda mecha, hemos tenido buenas voces aunque poco explotadas (cómo me hubiese gustado que Jane o Roderick hubiesen hecho acto de presencia un poco antes) y nos hemos olvidado del pasado, excepto de Kitty, más que digna representante de la olvidable hornada anterior (suponemos que Marley seguirá tratándose su no-anorexia/tontería extrema con algún especialista o algo #pray4Marley). De hecho, hasta la “hermanación” con los Warblers ha tenido su gracia, por no hablar de Myron, el histérico e histriónico sobrino del superintendente.
 
Holi, ¿está Sophia?
    Por lo demás, la ruptura de Blaine y Kurt le dio un punto de “frescura” a la pareja, que venía mostrando ciertos síntomas de cansancio (y nuestro, criaturas…), pero que con la entrada en escena de Karofsky y Walter, descubren por enésima vez que están hechos el uno para el otro para acabar casándose. Boda de la que, por cierto, no puedo ser más fan (y no me digáis que el granero no era clavadito al de The Walking Dead, sí, ¡aquel en el que estaba la dichosa Sophia!), por ser conjunta con la de Santana y Brittany, y eso que esta última nunca ha sido santa de mi devoción.
 
   Ah y no puedo olvidarme del divertido “Equipo de investigación: La gran mentira de Sue Sylvester”, donde Becky se brota y decide encabezar, desde el despecho, una batalla para destapar el sinfín de mentiras que habían sostenido al personaje durante todos estos años. Gran tándem el que han formado ambas, haciendo que las frases de Becky con sus innumerables bitch y los interminables speech de Sue, sean ya historia de la televisión.
 
   Todo esto me lleva a recordar, que uno de los grandes pros que ha tenido Glee es que ha tratado muy abiertamente temas como el Síndrome de Down, la homosexualidad, el acoso escolar y ha mostrado un crisol de personajes con la finalidad de mandar un mensaje: sé tú mismo y siéntete orgulloso de ello, sin tener en cuenta a los demás.
 
   Así que, por todo esto, gracias Glee, gracias por habernos versionado canciones que no conocíamos u odiábamos y ahora amamos, gracias por haber metido en nuestras vidas personajes que recordaremos para siempre, gracias por los cameos de grandes estrellas y otras que no lo son tanto y gracias por todas esas risas, bufidos y lágrimas que hemos soltado contigo, de verdad, gracias infinitas por dejarnos el mejor legado, vuestra música, con la que podremos llenar el gran hueco que dejáis...

Hasta siempre Losers.

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