Cuatro años después de la llegada de la pija Zoe Hart a este pueblecito del sur de los Estados Unidos, el pasado viernes 27, The CW puso fin a una muy bonita etapa de su historia. Nunca pensé que podría existir una serie a la que podría coger tanto cariño y en la que adorase prácticamente a todo el reparto, con sus defectos y sus virtudes. Ahora los Bluebellers vamos a tener un hueco muy grande en nuestro corazón (que a buen seguro no tardaremos en llenar con alguna otra chorriserie, eso sí) y es momento de hacer balance de lo que hemos vivido.
No sé a vosotros, pero a mí Hart of Dixie me ha dado la vida semana tras semana, siendo una de las pocas series que no me han quitado la sonrisa de la cara durante sus 40 minutos de duración y hasta me ha hecho soltar unas cuantas lágrimas en su despedida. Pero es lógico, porque ¡vaya despedida!
La temporada ha sido breve pero intensa y como podría pasarme días escribiendo sobre ella, me voy a limitar a resumir mis sentimientos en unas cuantas pegas y varios momentazos. Comenzamos (¡Spoiler Alert!):
El capítulo de pegas lo abre el triángulo amoroso Lavon-Lemon-George. Se resolvió demasiado rápido en favor de Lavon, que no voy a decir que no esté de acuerdo, porque bien es verdad que nunca creí en la entidad “Lemorge”. Pero, al menos, podrían haber jugado un poco más con el asunto (aunque está claro que no tenían demasiado tiempo si pretendían hacer medio creíble su flechazo con AnnaBeth).
La segunda pega la protagoniza el asunto de la madre de Lemon. Al empezar la temporada pensé: ¿dejarán pasar esta trama? Porque su entrada en escena era algo que siempre había esperado con muchas ganas y creía que podía suponer un bombazo. Pero no, al final me ha parecido una historia metida con calzador y por la que han pasado de puntillas sin poder rascar demasiado, una lástima. Lo único positivo es que ha merecido la pena volver a ver a Meredith Monroe (Andie McPhee en Dawson Crece), actriz a la que personalmente había perdido la pista hacía mucho tiempo.
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| George & AB? NO WAY |
Y termino de quejarme con la pareja que han formado AnnaBeth y George. Mira, lo siento mucho, pero no, pareja más forzada de la historia de la CW. Con menos química que Paula Echevarría y Miguel Ángel Silvestre en Velvet, nunca pensé que fuesen a acabar juntos. Joel, el exnovio neoyorquino que se trajo Zoe al pueblo en la tercera temporada, habría sido perfecto para ella y me consta que no soy el único con esa opinión. Es más, George debería haberse quedado soltero como contraprestación del karma por plantar a Lemon Breeland en el altar. He dicho.
Muchos más son los Highlights de la temporada, donde destaca el triunfo del amor entre Zoe y Wade, sellado con el nacimiento de su bebé. Las luchas por vivir o no con Lavon, casarse o no casarse, o el episodio en que Wade tiene que acostumbrarse a no flirtear con todo bicho viviente y dejar de conseguirlo todo por su cara bonita, son sólo algunos de los grandes momentos que nos ha dejado LA PAREJA. Y digo la pareja en mayúsculas, porque siempre fui Team Wade (ya lo dije hace unos meses al término de la T3) y de mi babeo constante con Rachel Bilson mejor ni hablamos.
Mención especial merece también otro triunfo del amor, esta vez entre Lemon y Lavon. Aquella aventura que se había forjado durante la marcha de George a Nueva York y se esfumó a su vuelta, es la típica que cumple el dicho de “donde hubo fuego, cenizas quedan”. Ni George o la ristra de solteros de oro que pasaron por la vida amorosa de la Belle, ni la arisca Ruby (de la que nunca más se supo) o la mismísima AB que lo intentaron con Lavon, fueron capaces de romper ese sentimiento que siempre estuvo ahí y que tomó forma con la boda final.
| La épica boda de Zoe y Wade. |
Y es que el capítulo final estuvo cargado de grandes momentos. Por un lado, la boda de Zoe y Wade en el hospital, corriendo en la camilla de camino al quirófano, rodeados de medio pueblo y en conexión en directo con la madre de Zoe vía tablet (bodas 2.0 que se llaman). Por otro el nacimiento del churumbel de ambos y por último el enlace de Lemon y Lavon con todo el pueblo en la calle, flashmob incluido… y a morir de amor se ha dicho. Broche de oro perfecto tras 75 capítulos en los que hemos vivido sus historias como si hubiésemos formado parte de esa gran familia que es BlueBell (y no exagero).
Así que no han pasado ni 24h desde que vi el final y ya sé que a partir de esta semana echaré de menos el Rammer Jammer o los interminables desayunos en casa de Lavon al más puro estilo Médico de familia. Así como las aleatoriamente seleccionadas apariciones de Wade Kinsella sin camiseta, algo que, según Jaime King mencionaba esta semana en las RRSS, también echará de menos el propio actor. Pero no sólo eso, también las locuras de Wanda y Tom, las entrevistas de Dash, las irreverentes investigaciones de Frank o las confesiones de Rose a Zoe. Ah, incluso la pésima forma de disimular embarazos que tienen en esta serie, porque como ya ocurriese con el de Jaime el año pasado, lo de Rachel Bilson en la season finale (después de dar a luz en la serie) me ha dejado sin palabras. No me digáis que no ha sido descarado cómo le han tapado la barriga con su propio bebé, con ramos de flores, plantándole delante a la hermanastra de Lemon, con un oso de peluche, una radiografía o incluso ¡una sudadera de Columbia!
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| Mil y una formas de (mal)disimular un barrigón. |
Sé que me repito, pero esta serie me ha dado tanto y con tan buen rollo, que va a ser difícil asimilar que nunca más volverán a estar ahí. Eso sí, desde aquí quiero dar las gracias a sus creadores y protagonistas porque han hecho de esta, una muy gratificante aventura.
¡Hasta siempre, BlueBell!


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