Cuando decidí ponerme a ver El Príncipe, ya se
habían emitido 3 capítulos y mi madre estaba muy pesadita con el tema: “Es que
tienes que verla”, “es que está muy bien”, “es que te va a encantar”, así todos
los días y en cada llamada telefónica hasta que cedí. Y es que, después de
haber oído que era “la Homeland española” (aún me duele la barriga de reirme)
entre otras cosas, la verdad es que no tenía ni la más mínima intención de
ponerme con ella. Además, dentro de los estrenos españoles ya le había puesto el
ojo a Velvet y no quería más series de duración indeterminada que añadir a la
lista.
Parece que Telecinco ha dado, por fin, con la
fórmula del éxito: Una historia innovadora en nuestra tele y unos actores con
tirón (físico sobre todo, pero movedor de audiencias). Y si no, que levante la
mano quien no haya recibido en algún grupo de Whatsapp una foto de Faruq, o de
Morey… ¡o de los 2! El príncipe ha sido mi gran sorpresa de la temporada y creo
que es merecedora de una entrada, para ya de paso, seguir dándole un poco más
de randomismo al blog.
En
fin, que así nos prepararon para el final de temporada, cuyo Hash Tag de
Twitter era #LargaVidaAlPrincipe (mi más sincera enhorabuena a la cabeza
pensante porque la idea debió de costarle noche y media). A todo esto, el
episodio bien podía haberse llamado "La fiesta del croma", porque lo
de anoche con el millón de escenas de exteriores fue algo glorioso.
Venga,
al lío, el capítulo empieza con los preparativos de la boda de la pobre Fatema
y digo pobre porque la chica se tira toda la serie con una cara de sufrimiento
continuo que ni la Virgen Dolorosa. Vale que primero estés triste por la muerte
de tu hermano, que cuando sabes que está vivo estés triste porque no lo
encontráis y vale que te obliguen a casarte con tu primo, pero es que el chico
tampoco es que sea el feo de los hermanos Calatrava, hija mía. Todo esto sin
contar que te trincas a Morey (igual por eso de que las penas con pan son
menos), a las primeras de cambio, así que no entiendo a qué viene ese
semblante, maja, que ni en las escenas de sexo te cambiaba la cara.
Entre
pruebas de vestido y tatuajes de Henna, se presenta en casa Morey, porque de
todos es sabido que lo más lógico, cuando la mujer que amas se va a casar con
otro, es presentarse en su casa llena hasta la bandera de gente con el fin de
darle un ultimátum nivel: "o te escapas conmigo o hasta siempre".
Pero Fatema, que está toda loca por él y pasa bastante de la promesa que le
hizo a su padre enfermo, acepta el reto y al final se materializa su escapada
de, aproximadamente, unos 24 minutos de duración.
Y
es que Abdu Ben Barek nos tenía preparado un fin de fiesta por todo lo alto con
inmolación en Ferry incluida para acabar con unos cuantos “infieles”. Con lo
que él no contaba, era con la presencia del abuelo que viajaba en el autobús en
el que pretendía liarla parda, sí, ese que baja a por la insulina y se equivoca
y abre una maleta que no es la suya (¿Perdona? Uno sólo coge una maleta que no
es la suya en las cintas de equipaje del aeropuerto), pero espera ¿qué hace una
maleta cargada de explosivos sin un mísero candado? Una vez más, súper lógico
todo.
En
fin, que la luna de miel improvisada de nuestros protagonistas se frustra por completo y
una vez retenido el autobús antes de la entrada al Ferry, se lía la de San
Quintín con Abdu fuera de sí (esos ojos saliéndose de las órbitas que no me han
dejado pegar los míos en toda la noche), armado, atemorizando a todo el autobús
y terminando por disparar al guía y a su propio hermano Faruq. Aunque
personalmente no sé qué me daba más miedo en si, si el chaval liándose a tiros, o el nivelazo interpretativo de los actores que aparece en la escena. Entretanto, el maletero
del autobús se abre para recibir a un TEDAX que, caminando cual astronauta, va
a desactivar la bomba. Ironías de la vida, después de decir que no es posible
porque está conectada a un móvil, no pasa un minuto y ya está manos a la obra.
Dadas las circunstancias, estaba claro que sólo
Fatema podía revertir la situación, así que ataviada con el pañuelo y un
chaleco antibalas, sube al autobús a contarle a su hermano que su novia estaba
embarazada y que sus supuestos “hermanos” de Akrab han acabado con su vida.
Pero nada, después de salir ambos de la mano del autobús y cuando todo hacía
pensar que el chico había recapacitado, le da el siroco y, un segundo antes de
que accione la bomba (que Neil Armstrong estaba a puntito de desactivar), Morey
le pega un tiro en la frente (¿Hola? No podías tirar a asustar, no, para qué) y
hala, muerto el perro se acabó la rabia y ya de paso la temporada, tal y como
empezó: con la muerte de Abdu.
Así que ahora se presentan varios interrogantes:
¿Dejará de ser Morey un
"pansinsal"? Porque vamos, qué poca sangre tiene este chico
en las venas de verdad, muy valiente y "echao p'alante" pero de un
soporífero... Aunque si hay algo que me inquieta, me atormenta y me perturba,
es su capacidad para llevar el móvil enganchado en la toalla mientras habla por
teléfono. Ya está tardando en lanzar un tutorial explicativo en YouTube o algo.
¿Seguirá Rubén Cortada tirando el dinero?
Porque hay inversiones desastrosas y luego está la suya con sus logopedas. Él
mismo ha afirmado tener tres, con el fin de practicar el acento y no sonar a
cubano, pues menos mal… “Fatema, cómo hah podido haser eso, sabiendo cómo ehtáh
tu madre…”. Vamos a ver, sólo le faltaba añadir “mi niña” o “mi amol” al final
de cada frase, esto no es serio.
No sé vosotros, pero yo esperaré ansioso la llegada de la segunda
temporada.
¡Nos vemos en la próxima entrada!



Querido JL!
ResponderEliminarQue criticon eres en algunas cosas, esta claro que El Principe no es Homeland, pero no es peor que muchas series policiacas americanas. Al margen de eso, tu entrada me ha gustado mucho y me he reido sin parar con el acento de Ruben Cortada, es imposible que no suene a cubano pero la verdad en cuanto aparece en pantalla mi vista se agudiza y los demas sentidos se me nublan un poco, asi que hable como quiera!!! �� Y por cierto; que querias que hicieses Morey??? No se podia arriesgar!! Pum, pum y solucionado!
���� Sandy